Es cuando renuncias a tus sueños, a tus ilusiones, cuando ya no tienes metas, cuando dejas de vivir.
Alguien en algún momento dijo algo parecido a esto. Y si no lo dijo nadie, pues lo digo yo. Y es cierto.
No me puedo imaginar una vida en la que te levantes por la mañana y no tengas un sueño que cumplir, o algo planeado que te ilusione. Simplemente, el hecho de no tener un sueño, o no tener metas, es no estar viviendo. ¿Para qué vives si todos tus días son iguales? ¿Para qué vives si ni siquiera tienes ilusiones?
No dejes que nadie mate tus ilusiones, o que te aparten de tus sueños. Porque si algún día lo hacen, quizás te hagas estas preguntas. Y te sientas desolado. Y sientas que ojalá siguiese todo como antes. Porque a veces no nos damos cuenta de lo importante que es un sueño o una ilusión. Y, como a con todo, cuando lo perdemos, es entonces cuando lo valoramos. Es entonces cuando entiendes lo importante que todo esto es.
jueves, 19 de septiembre de 2013
Sueños, ilusiones.
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