El fuerte ruido del agua le despertó de un sueño del que no recordaba nada. No debía ser uno muy importante, porque la lluvia no era demasiado fuerte.
En la penumbra de su habitación, se quedó mirando la ventana, o más bien, en el lugar que debería estar.
Como un robot, aún sin haberse despertado completamente, abrió la persiana y salió al balcón.
Desde una esquina, estiró el brazo, mientras recibía las gotitas en su mano con una sonrisa.
Le encantaba el sonido de la lluvia. Era hipnótico. No era consciente del tiempo que pasaba allí, con el brazo extendido, viendo el agua caer.
"Son las lágrimas de los ángeles" le decía su madre de pequeña.
Y no podía evitar seguir pensándolo a pesar de su edad.
Entonces se le vino una imagen a la cabeza.
Lágrimas, como gotas de lluvia, caían por su cara. Pero estas sí eran calientes. Calientes como el dolor que sentía en el pecho.
La imagen era nítida, y ella parecía un tercer espectador de algo que tantas veces antes había recordado. Una niña gordita lloraba sola en una esquina de ese enorme patio. Nadie se percataba de que estaba allí, así que ella seguía llorando, sabiendo que era invisible.
Sintió lástima, quiso abrazarla, quiso darla ánimos para que siguiese luchando. Miró a su alrededor buscando una ayuda que sabía que no encontraría. Nunca lo hacía.
Y volvió a mirar a aquella llorosa niña, que era ella tan sólo unos años antes. Y se sintió orgullosa.
Esa chiquilla no recibió ni una palabra de ánimo en ese momento. Tampoco en muchos otros, tan parecidos. Estaba ella contra el mundo.
Y ahora sabía que gracias a haber estado así una vez, había llegado a ser quién era.
Se acercó a la chica, sabiendo que eso sólo pasaba en sus pensamientos, y susurró:
'No te rindas, llegará el día en el que te sentirás orgullosa de no haberlo hecho.'
Abrió los ojos, y no sabía muy bien por qué había terminado ella entera bajo la lluvia.
Dejó que las gotas frías recorriesen su cara, calmando el calor que sentía por dentro.
Y volvió a su cama, feliz. Volvió a su cama para soñar con esa chiquilla que consiguió todo lo que se propuso.
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viernes, 8 de enero de 2016
No te rindas.
jueves, 24 de diciembre de 2015
Carta de un enamorado.
Ella.
Esa chica tan típica, tan del montón, que acostumbra a pasar desapercibida. Tan normal, que eso la hacía especial.
Le gustaba pintarse los labios rojos, muy rojos, muy llamativos. Decía que era la parte más bonita de su cuerpo, y nunca pude negárselo. Con una sola sonrisa, conseguía transformar todos los vientos en tempestades, todos los días de invierno en días de playa, y todas mis preocupaciones en polvo.
Sin embargo, ese puesto muchas veces se veía reñido con sus ojos. Marrones, de nuevo tan normales, tan del montón. Tan típicos que parecían únicos. Dicen que los ojos son las ventanas del alma, y estoy seguro de que se inspiraron en ella al decirlo. Bastaba un vistazo a esos pequeños ojos de avellana para saber su estado de ánimo, sus intenciones, sus pensamientos. No necesitaba hablar, sonreía, te miraba y era suficiente. Y entonces no podía pensar en otra cosa que no fuese eso: sus labios o sus ojos.
Pero eso no quitaba que ella no fuese bonita, lo era. Por fuera, no tenía nada que destacase, ni para lo bueno, y mucho menos para lo malo. Cada cosa en su lugar, con el tamaño y la forma exactos para hacerla del montón. Del montón de chicas normales, donde las imperfecciones parecen estar ocultas.
Por dentro era difícil definirla. Tan sincera como vergonzosa, tan simpática como introvertida. Era una de esas pequeñas cajas de sorpresas con un embalaje enorme que te impide imaginar su interior. Y esa era la mejor parte. Ir deslizando las capas de su gruesa armadura, haciéndolas a un lado, dejando escapar esa dulzura tan típica que ya nadie tiene. Era capaz de hacerme creer que yo conseguía desarmarla, cuando ella decía dónde y cómo deshacerse de una nueva capa, volviéndose protagonista de momentos que jamás imaginé que viviría con ella.
Pero su filosofía de vida era así. Siempre dijo que lo único que puedes regalar a todo el mundo, hasta a quien lo tiene todo, son momentos. Llegó a convertirse en una esperta consiguiendo hacerme disfrutar de los mejores. De los más inimaginables. De los más únicos.
Prefería perderme a perderla a ella, porque sabía que si me perdía, siempre me quedarían los momentos juntos. Si la perdía, esos momentos serían como esa herida que jamás se cierra. O que nosotros no dejamos que se cierre.
Sólo sabía que ella era una chica tan normal que no había ninguna como ella.
viernes, 20 de marzo de 2015
Ese muro del que todos hablan...
Por un momento, me permití ilusionarme. Me di permiso para soñar que por fin lo conseguía. Sentir que las yemas de mis dedos rozaban el paraíso cuando, tras tanto luchar, conseguía mis metas.
Simplemente, imaginé cómo sería alcanzar todo aquello que,durante tanto tiempo, había buscado de una u otra forma.
Me permití ilusionarme, como tantas otras veces. Y como tantas otras veces, choqué de golpe con la realidad.
Con ese muro metafórico del que todos hablan. Ese muro que separa la realidad de los sueños y te recuerda que, aunque éstos últimos están bien, no cualquiera los alcanza. Ese muro al que todos tienen que enfrentarse alguna vez en su vida.
Y de ti depende cómo reaccionar ante el muro. Puedes verlo como una pared infranqueable, enorme, que te recuerda que lo más fácil es conformarse, evitarlo. Actuar como si no estuviese allí, asumir la realidad, y evitar más golpes.
También puedes pensar que, como buen muro, tendrá algún punto débil. Alguna forma de esquivarlo, para alcanzar eso que tanto ansías. Y, en tu búsqueda de ese punto, te estampas una y otra vez contra esa pared, que cada vez parece más alta. Y te chocas, y te caes. Y decides si quedarte ahí, o volverlo a intentar un poco más.
La mayoría, a estas alturas, simplemente se conforma. ¿para qué más golpes? ¿Para qué más caídas? Para nada. Para conformarse, y asumir que ese muro nunca va a desaparecer. Y consolarse pensando que, tras ese muro, no hay nada mejor que lo que tenemos en este lado.
Pero como bien sabemos, hay gente para todo. Y en ese 'todo', se encuentran aquellos que no saben lo que significa 'rendirse'. Que caen, una, dos, doscientas veces. Es igual, siente que es mejor caer y volverlo a intentar que rendirse.
Ellos, esas personas al final,encuentran el punto débil. La parte baja del muro. Un lugar por el que rodearlo. Simplemente, descubren como pasar al otro lado.
Descubren como alcanzar sus metas. Metas que pueden ser efímeras. Pueden durar segundos, días meses... Eso no importa.
Puede aparecer otro muro tras alcanzarlas. Pero ya da igual. Quizás ese consigan atravesarlo, de nuevo. Quizás decidan quedarse.
Lo único seguro es que,tras constantes luchas, han alcanzado sus sueños, sin dejar la realidad. Han llegado donde querían llegar.
Han aprendido a levantarse,a pesar de las adversidades. Simplemente, se han convertido en luchadores, en personas con una mentalidad distinta a la mayoría de hoy en día.
Al fin y al cabo, de cada uno de nosotros depende de que lado de esa enorme pared decidamos quedarnos. Nosotros decidimos.
Y tú, ¿Que estás dispuesto a hacer?
sábado, 3 de enero de 2015
Empezó a quererse.
Aprendió a apreciar los matices. Los distintos tonos de marrón del otoño, o el rosa, amarillo y blanco de la primavera. La luz del verano, en contraposición con la oscuridad del invierno. Pero hasta en esta oscuridad, había color, belleza.
El café de cada mañana ya no era igual, sabía distinto, mejor... Y qué decir de los días que antes parecían eternos e interminables, esos que ahora parecerían tan lejanos. Sus días ahora eran cortos, pasaban como en un suspiro, con el sol siempre brillando, la brisa justa, y los pájaros siempre animados.
Todo se movía a su ritmo por una vez, controlaba la situación, sin depender de opiniones ajenas, o cualquier impedimento que en algún momento pudiese encontrar.
Ahora era feliz. Y no por cualquier motivo.
No había dejado de fumar. No había encontrado el amor. No había viajado a un paraíso exotico apartado del mundo (aunque le habría gustado). No, nada de eso.
Había empezado a quererse. Había empezado a ver en cada centímetro de ella las cualidades que nunca pensó que existían. Empezó a escuchar su interior antes que las críticas del exterior. Se dio cuenta de lo mucho que valía. Y solo entonces, sin depender de nadie más, fue feliz.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Navidad.
Navidad. Una fecha como otra cualquiera que celebra el nacimiento de una persona de la que ni siquiera tenemos la certeza de su existencia.
Navidad. Una excusa más para reunir toda la familia que lleva tiempo sin verse, y ponerse morados de comida.
Navidad. Día de lágrimas y melancolía por todas esas personas que no pueden estar con nosotros, o que nunca más van a sentarse a nuestro lado a cenar.
¿De verdad es necesario esperar a una fecha sin sentido para darnos cuenta de quiénes nos quieren de verdad? ¿Para rodearnos de las personad importantes en nuestra vida? ¿Para acordarnos de todos los que significaron tanto para nosotros y ya no están?
En una sociedad tan hipócrita como la nuestra, parece que sí, que en estas fechas todos nos queremos más y todos echamos más de menos. Pero, ¿Sabéis qué? Ojalá eso no fuese así. Ojalá no necesitasemos una fecha concreta y sin verdadero sentido para poder estar con aquellos que nos quieren. Ojalá fuesemos capaces de ver a esas personas importantes cuando nosotros quisiesemos, reunirnos todos sin necesidad de esperar a un día en concreto por simple tradición. Ojalá nos reuniesemos de corazón, porque de verdad queremos estar con esas personas, y no en Navidad, simplemente porque es lo que se suele hacer.
viernes, 2 de mayo de 2014
Felicidad
La felicidad consiste en ser capaces de aprovechar los buenos momentos. Da igual la duración de éstos, si duran horas o si sólo son minutos.
Se trata de aprovecharlos al máximo, de ser conscientes de que esos momentos no vuelven, y de que es ahora o nunca.
Aprovechar desde una pequeña siesta inesperada, desde una comida familiar, hasta una noche al lado de la persona que amas, o una fiesta con tus amigos de verdad. Buenos momentos que nos rodean, que están ahí constantemente y no somos capaces de apreciar.
La felicidad consiste en ver en lo normal, algo bueno. En volver lo mediocre, escepcional. Y ser capaz de seguir haciéndolo a pesar de los reveses de la vida. Eso es la felicidad.
domingo, 9 de febrero de 2014
@PodcastLaSource
Programa hecho por y para formuleros. ¿Te gusta la fórmula 1? Entonces este programa es para ti.
En la primera edición se habla de los test en Jerez, de los problemas del RB10 , de todos los cambios de normativa que traen de cabeza a las escuderías y sobre todo, de los pilotos que parecen más fuertes esta temporada. ¿Os lo vais a perder?
www.ivoox.com/lasourcef1-programa-1-audios-mp3_rf_2812405_1.html