A veces, nos negamos a escuchar a nuestro corazón por miedo a la respuesta que pueda darnos.
Sabemos las preguntas, y conocemos las posibilidades. Una que nos hace daño, y otra que no. Vamos a las que no nos hace daño, y sin embargo, quizás nos duele más esa que cualquier otra. Ya que esa no es la elección que habríamos hecho si hubiesemos pensado con el corazón dn vez de con la cabeza. Entonces, ¿Qué eliges cuando las dos cosas te van a hacer daño? ¿A quién debes hacer caso realmente?
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